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lunes, 23 de abril de 2012

LOS "MAYOS DE LA SIERRA DE ALBARRACÍN", TODO UN TESORO ETNOGRÁFICO DE NUESTRO PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL: SUS RAÍCES Y SUS ORÍGENES


LOS "MAYOS DE LA SIERRA DE ALBARRACÍN" CONSTITUYEN UNA EFEMÉRIDES DE GRAN ATRACTIVO TURÍSTICO EN NUESTRA COMARCA Y TODO UN TESORO DE NUESTRO PATRIMONIO CULTURAL ETNOGRÁFICO. 

SERÍA MÁS QUE DESEABLE QUE SE PRIORIZASE Y AGILIZARA SU DECLARACIÓN COMO "BIEN DE INTERÉS CULTURAL" INMATERIAL, AL IGUAL QUE  SUCEDIÓ RECIENTEMENTE CON NUESTRA EMBLEMÁTICA "TRASHUMANCIA".


Los Mayos, las fiestas mayales o las fiestas de primavera, que aún se celebran en muchas localidades españolas y europeas, son la continuidad de la fiesta mayumea fenicia, la hilaria griega o la floralia romana que se celebraban a primeros de mayo. Estas expresiones populares mistéricas, llenas de sígnos, símbolos y poesía, eran eventos lúdico-festivos que gravitaban entorno a la "primavera" y la "fertilidad", donde se conjugaba el culto a la naturaleza fecunda con los requiebros amorosos de dioses y humanos enamorados. Posteriormente, y con la cristianización, estas manifestaciones paganas se transformaron en fiestas cristianas adaptándolas, de este modo, al nuevo código doctrinal.


La Primavera y la Fertilidad fueron los desencadenantes
La FESTIVIDAD DE LOS MAYOS es una fiesta popular ancestral que se hacía coincidir con el primer domingo de dicho mes y tenía connotaciones rituales o totémicas a la DIVINIDAD PRIMAVERAL. Desafortunadamente, y como sucede con muchas manisfestaciones del Patrimonio Cultural Inmaterial, las "fiestas mayales" o "fiestas de primavera" se han ido extinguiendo con el paso del tiempo en numerosos lugares.


Las RAÍCES Y ORÍGENES de estas expresiones populares parecen remontarse a las civilizaciones fenicias y griegas, donde la adoración a los dioses y la exaltación de algunos ciclos o cambios de la naturaleza, como la sucesión de estaciones, hicieron que la PRIMAVERA y la FERTILIDAD fueran objeto de especial atención y devoción popular por dejar atrás los oscuros y fríos días de invierno. Así, estas manifestaciones tuvieron especial calado en aquellos lugares y poblados cuyo ciclo de vida se hallaba fuertemente marcado por el transcurso de las estaciones.


En este sentido, merecen especial mención las fiestas mayumea fenicia o la hilaria griega, con Atis y Cibeles, que idolatraron la llegada de la primavera a la madre tierra, "preñada de vida vegetal", sin menoscabo del culto a la "fecundidad y maternidad" en la mujer, también madre.


Posteriormente, estas costumbres también serían adquiridas por las nuevas civilizaciones prerromanas. De este modo, hay que destacar la festividad celta de la "Noche de Beltane" que se celebra el día 1 de mayo -May Day- y marcaba el comienzo de la temporada de verano pastoral, cuando el ganado trashumante partía hacia los pastos verdes y tierras de montaña. En esta manisfestación popular celta, se encendían hogueras y celebraban rituales. En la actualidad, tiene especial trascendencia desde un enfoque turístico el Festival de Fuego de Beltane en Edimburgo (Escocia), donde se funden espectáculos coloridos con el fuego de las hogueras y antorchas, el sonido de los tambores, los rituales paganos y los disfraces que representan los cuatro elementos de la naturaleza.


Sin embargo, existen referencias que indican que estas manifestaciones también fueron heredadas por los romanos y que, posiblemente, fueran ellos quienes mejor las transmitieran entre las gentes y territorios que fueron objeto de su dominio. Así por ejemplo, y para celebrar la llegada de la primavera y de las primeras flores del año, en la antigua Roma se celebraban los juegos florales o la floralia romana que comenzaba el día 28 de abril y concluía el 3 de mayo.


De forma análoga, debe decirse que en Hispania se adoraba a la diosa Bona Dea -también llamada Maya, Maia o Fauna-, diosa de la fertilidad en la mitología romana, con la que se exaltaba la llegada de la primavera. Más tarde, y con la llegada de la civilización islámica, estas manifestaciones populares se enriquecieron con cantos o rondas a la persona amada.