«OCHO HORAS PARA EL TRABAJO, OCHO HORAS PARA EL SUEÑO Y OCHO HORAS PARA LA CASA»... ESA ERA LA MÁXIMA DEL PRIMERO DE MAYO O DEL DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES, LA EFEMÉRIDES O FIESTA POR EXCELENCIA DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL.
Desde su implantación mundial por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional (París,1889), es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago que fueron ejecutados en Estados Unidos por su implicación en las marchas de lucha por la consecución de la JORNADA LABORAL DE OCHO HORAS. El desencadenante fue la huelga laboral iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto de inflexión el día 4 de mayo, que derivó en la Revuelta de Haymarket.
Hay que indicar que, paradójicamente, no se celebra esta efemérides en los Estados Unidos. En su lugar se celebra el Labor Day, el primer lunes de septiembre desde 1882, donde se escenifica un desfile en Nueva York organizado por la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor). El presidente estadounidense Grover Cleveland, declaró su celebración en septiembre por temor a que la fecha de mayo reforzase el movimiento socialista en los Estados Unidos.
En nuestro contexto español, se conmemora el Aniversario de las manifestaciones legales en democracia, después de la larga noche de la dictadura franquista. En 1978 los trabajadores participaron masivamente en la manifestación del 1º de mayo reivindicando el pleno ejercicio de las libertades y la consolidación de la Democracia: el pleno ejercicio de la Libertad Sindical a través de la promulgación de un Estatuto de los Trabajadores, la devolución del Patrimonio Sindical, la regulación de las Secciones Sindicales en las empresas, la Regulación de la Negociación Colectiva y el Derecho de Huelga.
La Revuelta de Haymarket fue el detonante
Los hechos se contextualizan a finales del s. XIX en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. Por aquel entonces, Chicago era la segunda ciudad más cosmopolita de Norteamérica y una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la JORNADA LABORAL DE OCHO HORAS, haciendo valer la máxima de: «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa». Así, en 1829 se formó un movimiento sindical en Nueva York para reivindicar tal pretensión, ya que la legislación vigente tan sólo prohibía trabajar más de 18 horas, salvo en casos de necesidad.











